Intercambio directo
No existe una moneda. Cada persona entrega un bien y recibe otro. El valor depende de que ambas partes acepten el intercambio.
Antes de tener bancos, billetes, tarjetas o blockchain hubo un problema mucho más simple: ¿cómo intercambiamos lo que tenemos por lo que necesitamos?
Si yo tengo algo que vos querés y vos tenés algo que yo quiero, intercambiamos. Pero en cuanto aparecen más personas, el problema crece.
No existe una moneda. Cada persona entrega un bien y recibe otro. El valor depende de que ambas partes acepten el intercambio.
Para que el intercambio funcione, las dos personas tienen que querer exactamente lo que la otra ofrece. Probalo abajo.
Vos sos Lucía. Elegí qué entregás y qué querés recibir. El sistema no te dice la respuesta antes de probar.
¿Podés conseguir las herramientas de Mateo directamente con pan?
No es un problema de programación. Es un problema del sistema de intercambio.
No vamos a empezar por “qué es una criptomoneda”. Vamos a construir la necesidad que, siglos después, llevará al dinero digital.
Algo que muchas personas aceptan para intercambiar bienes, sin tener que encontrar una coincidencia perfecta.
¿Quién decide su valor? ¿Cómo se guarda? ¿Cómo sabemos cuánto tenemos? ¿Cómo evitamos que alguien lo falsifique? Cada pregunta abrirá una nueva etapa tecnológica.
Cada etapa agrega una tecnología porque aparece un problema que necesitamos resolver.
Intercambio directo y doble coincidencia de necesidades.
Diseñá un billete, discutí el valor y experimentá con la emisión.
Inventar el dinero →Usuarios, saldos, registros, depósitos, encaje y corrida bancaria.
Entrar al laboratorio →Identidad criptográfica, transferencias, firmas, bloques y explorador educativo.
Entrar al laboratorio digital →Hashes, claves y firmas digitales.
Bloques, consenso, nodos y una moneda virtual educativa.